Poemas



Por las orillas celestes

La estrechez de los días era tan azul como mi abrigo

en lo inhóspito de los tiempos trataba de encontrar alguna razón

para poder comprender los decorados de la infancia

en la maleta cargamos con el azar y la miseria

en busca del camino nuestro

ajeno al de los hombres que imponían el suyo

En mi niñez pensaba que el miedo

se había quedado a vivir en mis bolsillos

y solo la firmeza de la mano de mi padre

contenía la desazón que provocaba la incertidumbre

La vida hace que recorras caminos buscando horizontes

donde quedarte a vivir por instantes

a sabiendas de que si te quedas en demasía

corres el riesgo de que el camino te mate

Ahora voy en busca de las orillas celestes

tratando de encontrar un horizonte, rama, río o jardín

donde vaciar los bolsillos

donde el aire sacuda la nostalgia

y allí quedarme.


Room in Brooklyn

Me sentaba en una esquina de la habitación

observaba desde los ventanales

la quietud de las chimeneas que adornaban

los edificios de enfrente

no había más horizonte

que su soledad frente a la mía

La luz llenaba cada uno de los recovecos de la estancia

como si a través de ella

entrase el cariño de los ausentes

Me acompañaba de una mesa ovalada que sostenía

un jarrón blanco donde permanecía en su interior

un ramo de rosas que hice enviar el día de mi cumpleaños

Detrás de la silla permanecía una mesa desgastada

la única herencia que recibí de mis padres

en la que aprendí a leer y a escribir

a darle la vuelta a los cromos

a recortar muñecas

en ella nos reuníamos los tres

cuando la geometría de los recursos era otra

ante la caridad de los vecinos

En mil novecientos veintinueve nos quedamos con lo puesto y esa mesa

a menudo las hormigas nos expulsaban del único lugar

que quedaba en pie después de la debacle

cuando llegué aquí con ella decidí cubrirla con un mantel granate

así evitaría reencontrarme con la memoria de esos días azules

Me sentía minúscula ante la ventana

ante la vida que asomaba al otro lado

aquí me sentía a resguardo de las llamas

de lo triste

Un día me escribí una carta

que explicaba de las carencias de mi vida

del recuerdo por lo lejano

de la estrechez con la que fui sumando años

me corté un mechón de pelo

y la entregué en la oficina de correos

llegó esta mañana

por un momento sentí la emoción adolescente

sabía que era mi carta

y fui a sentarme frente a la ventana a leerla

para que el cielo y la soledad de los extraños fuesen testigos

al celebrar que en mi corazón no todo estaba perdido.

Night Wind

Desaparecen los gatos, el fuego, las trampas

la lentitud en nuestro gesto

como las horas lentas que transcurren en los pueblos

nuestro paisaje interior no sería lo mismo

sin la niñez que trae el vaivén del aire en los atardeceres

donde el sol del membrillo

acaricia nuestras sienes en las horas muertas

La noche se acerca y en ella la costumbre

de no pedir nada ni al hombre ni a la vida

lo que tenga que ser

será.

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